Era tan justo.

Entonces, me escuché gritando y me pregunté: por qué estoy gritando, queria saber sus razones. Y mientras pensaba en las razones de mi alza de voz, él ya estaba reaccionando. Yo no pude responder, estaba urgando en mi mente. Él vía en mí el reflejo de sentimientos encontrados. Y tuvo miedo.

No entendí por qué huia. Por qué me evadía. Era tan simple lo que exigía. Tan justo.

Estoy en un hueco que caí hace tiempo. Sigo aquí, a oscuras. Y he visto la salida pero, no he podido alcanzarla. Aunque, lo quiera no me levanto y avanzo.

Hace horas dije basta. No importa cuánto me cueste porque, es eso lo que temía, lo que me costaría. Mi primer acercamiento será levantarme y alzar mi voz. Pedir auxilio.