Celos

Celos.

Un sentimiento tan consumidor y destructivo.

Pensé que jamás iba a ser la presa de esa enfermedad degenerativa. Pero, sin embargo, sucedió. A pesar de mis altos niveles de distracción y poco apego. Se juntaron los ingredientes exactos para hornear una destructiva y viciosa relación que produjera no solo celos sino rencor, impotencia y frustración. Pero, por sorprendentemente o más bien como ingrediente extra para amargar la solución nace una niña de esa infantil y desagradable unión. La única luz que ilumina esa cueva.

Ella, una pequeña pero hermosa flor. Algo tan maravilloso que aún no sé describir sin dejar de ser cliché. Lo único bueno de todo esto y al mismo tiempo lo que más me genera ansiedad. Es algo tan puro y bello y temo que deje de ser tan inmaculado a causa de mis malas decisiones.

Y otra vez esos celos, incontrolables, desajustados. Por qué, si yo ya no lo amo. Me repugna ser parte de su vida y me frustra que irremediablemente mi hija lo sea.

A veces suelo soñar con una vida de libertad y autenticidad. Le es tan difícil ser ligero. Anhelo tanto la paz.

Las malas decisiones me llevaron a los celos y ellos me trajeron una estrella. Como agradezco ese pedazo de cielo, ese ligero desajuste en mis planes.

Mis celos te engendraron y mi amor te mantendrá viva.

Te amo.

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